Hannigram, Loustat, Destiel: Por qué nos obsesionan las historias de amor entre hombres
¡Hola, hermanas del Círculo!
Hace tiempo que hay algo que me intriga. No es exactamente una pregunta nueva. Llevo años observándolo en internet, en fandoms, en redes sociales y también en mí misma. Pero recientemente, después de ver de nuevo Hannibal, Interview with the vampire y The vampire Lestat he vuelto a darle vueltas. ¿Por qué tantas mujeres nos obsesionamos con historias sobre relaciones tóxicas entre hombres?
No hablo simplemente de personajes masculinos atractivos, que también. Hablo de Hannibal Lecter y Will Graham, de Louis de Pointe du Lac y Lestat de Lioncourt, de Dean Winchester y Castiel, de Aziraphale y Crowley. Incluso de Sherlock y Watson, si me apuras.
En fin, de todas esas historias donde dos hombres desarrollan vínculos románticos intensos, obsesivos, a veces ambiguos, a veces directamente destructivos. Son historias atravesadas por el trauma, la dependencia emocional, la violencia, el deseo, el abuso, la pérdida y, en ocasiones, hasta el intento de asesinato.
Lo fascinante es que gran parte del público que consume estas historias, las analiza, escribe sobre ellas y las convierte en objeto de devoción suele estar formado por mujeres. Muchas mujeres. Muchísimas. Lo suficiente como para que resulte imposible considerarlo una casualidad. Y cuanto más lo pienso, más interesante me parece.
Creo que la respuesta puede tener que ver con las relaciones entre iguales y con la forma en que representan el deseo, la vulnerabilidad, el poder y el amor.
¿Qué tienen en común Hannibal, Supernatural o Entrevista con el vampiro?
Si alguien me preguntara qué tienen en común Hannibal, Supernatural y Entrevista con el vampiro probablemente no sabría muy bien qué responder. Sobre el papel parecen obras muy distintas.
En Supernatural tenemos a dos hermanos cazando monstruos por las carreteras de Estados Unidos. Dean Winchester es probablemente uno de los personajes más masculinos y heterosexuales que ha producido la televisión estadounidense en los últimos años: un coche clásico, rock, cerveza, toneladas de hamburguesas, peleas y rollos ocasionales.
En Hannibal encontramos una relación mucho más intensa. No hay sexo explícito ni declaraciones románticas al uso, pero hay una relación de pareja. Y una obsesión mutua tan profunda que acaba siendo más íntima que la mayoría de romances televisivos.
Y luego está Interview with the vampire/The vampire Lestat, donde ya no hay metáforas ni subtexto. Louis y Lestat son amantes. Comparten una relación explícitamente romántica, vampírica y sexual que atraviesa décadas de amor, dependencia, manipulación, violencia y destrucción mutua, exactamente igual que la historia entre Louis y Armand.
Tres historias que han generado enormes comunidades de mujeres profundamente implicadas emocionalmente. ¿Por qué?
Hombres que sienten sentimientos
Estas historias permiten que los hombres sientan algo distinto a la ambición o la ira. Puede parecer una tontería, pero no lo es. Durante décadas, gran parte de la ficción ha construido personajes masculinos emocionalmente limitados. Hombres que actúan, conquistan, luchan, ganan o pierden. Hombres que desean. Pero pocas veces hombres que necesitan, hombres que son vulnerables y se muestran como tales. Pocas veces hombres capaces de reconocer que aman a alguien hasta el punto de quedar completamente transformados por ello.
Y puede resultar muy atractivo para muchas mujeres porque rompe con el estereotipo masculino dominante. Nos da la oportunidad de explorar deseo, intimidad y conflicto sin reproducir los mismos papeles de siempre.
Eso es exactamente lo que ocurre en todas estas historias. Hannibal necesita a Will. Will necesita a Hannibal. Lestat necesita desesperadamente que Louis lo ame. Louis necesita desesperadamente dejar de necesitar a Lestat. ¡Castiel atraviesa el cielo y el infierno por Dean Winchester, maldita sea!
De repente aparece algo que la ficción heterosexual rara vez permite a los hombres. Y creo que muchas mujeres respondemos a eso porque llevamos toda la vida viendo personajes de mujeres construidos alrededor de todo su abanico de emociones mientras los masculinos parecían inmunes a cualquier sentimiento que el patriarcado estereotipara como "femenino".
Durante siglos la cultura ha asociado la sensibilidad emocional con las mujeres y la acción con los hombres. Sin embargo, estas historias rompen esa división. Aquí los hombres no solo sienten ira, resentimiento, frustración o violencia. También sufren, desean, necesitan, se obsesionan, lloran, se derrumban y toman decisiones terribles movidos por emociones que no pueden controlar. Además lo hacen por otros hombres. Y siguen siendo extraordinariamente masculinos. Eso resulta de lo más atractivo.
El papel del deseo
Muchas de estas historias no solo nos emocionan. También nos excitan y creo que hay que reconocerlo. Cuando hablamos de Hannibal, Interview with the vampire o incluso Good Omens solemos centrarnos en el trauma, la intimidad emocional o la vulnerabilidad masculina. Pero lo cierto es que gran parte de su éxito entre las mujeres también tiene una dimensión claramente erótica.
Las escenas de sexo entre Louis y Lestat han sido celebradas por miles de mujeres que ahora critican el aumento de escenas de sexo heterosexual en The vampire Lestat en detrimento del homosexual. Las miradas, gestos e insinuaciones entre Hannibal y Will generan una cantidad fascinante de análisis, fanarts y comentarios. Y buena parte del fenómeno Destiel nació precisamente de una tensión romántica y sexual que muchas espectadoras percibieron incluso cuando la serie insistía en negarla.
Estas historias presentan formas de deseo masculino que rara vez aparecen en la ficción heterosexual. Estos hombres desean de forma desesperada, obsesiva y vulnerable. Sufren por amor, esperan, se derrumban, necesitan ser vistos, elegidos, amados. Se alejan del estereotipo de género masculino y amplían miradas, dotándose de una mayor complejidad. Y todo ello sin dejar de mostrarse como excelentes empotradores.
Eso resulta enormemente atractivo porque invierte dinámicas que durante siglos se han asociado casi exclusivamente a personajes femeninos. Porque fijaos en algo: Lestat no es atractivo únicamente por su físico. Es atractivo también porque es un desastre emocional monumental. Y Hannibal tampoco es sexy solo porque sea Mads Mikkelsen. Es sexy porque además dedica tres temporadas enteras a obsesionarse con un señor rotito que ama a sus perros. Y Destiel tampoco generó el fenómeno que generó solo porque fueran actores atractivos. Lo generó porque Castiel reorganiza toda su existencia alrededor de Dean.
Sospecho que muchas mujeres encuentran excitantes estas historias no solo por el atractivo físico de sus protagonistas o por la magnífica erótica que despliega el sexo entre iguales, sino también porque presentan hombres que expresan emociones, dependencias y formas de amar que el patriarcado ha asignado tradicionalmente a los personajes femeninos. Son hombres que están dispuestos a destruir(se) por una relación.
Eso para una cultura patriarcal acostumbrada a mostrar mujeres haciendo exactamente eso por hombres, resulta una positiva sorpresa.
El peso del patriarcado y las relaciones heterosexuales
Además estas historias eliminan una tensión que aparece constantemente en los romances heterosexuales: La desigualdad entre hombres y mujeres.
Cuando vemos una historia de amor entre un hombre y una mujer siempre existe un contexto que resulta difícil ignorar: La historia del patriarcado, la violencia machista, las expectativas y mandatos de género, las desigualdades económicas, la maternidad, la carga mental, el trabajo doméstico y de cuidados, el miedo...
Todo eso forma parte de nuestra experiencia colectiva y, queramos o no, influye en cómo interpretamos las relaciones heterosexuales. Cuando una relación abusiva es heterosexual, muchas de nosotras la leemos desde nuestra propia experiencia o desde el miedo, la posibilidad.
Sin embargo, cuando aparecen dos hombres, esa estructura desaparece o al menos se transforma. No desaparece el abuso, desde luego que no, De hecho, suele ser una parte importante y definitoria de la relación. Hannibal y Will tienen una relación abusiva, igual que Louis y Lestat o Louis y Armand. Y probablemente a Dean Winchester también le habrían venido bien varias décadas en terapia. Pero el conflicto ya no gira alrededor de la desigualdad entre géneros, y eso permite explorar otras dinámicas emocionales de una forma distinta. En definitiva, estas historias redistribuyen los roles del patriarcado.
Las mujeres dejan de ser la víctima de la historia
Quizá por eso algunas mujeres encontramos en estas historias un espacio donde observar las dinámicas, el amor, el deseo, la dependencia o la obsesión sin cargar constantemente con determinados roles que conocemos demasiado bien y sin identificarnos automáticamente con una mujer como víctima.
No es lo mismo ver a un marido maltratando a su esposa que ver a Lestat lanzando al vacío a Louis, a Louis rajándole la garganta a Lestat o a Hannibal clavando un cuchillo en el abdomen de Will... Mizumono siempre en mi corazón. Dadme un momento para recuperarme...
Durante décadas, una enorme cantidad de ficción ha construido historias donde el sufrimiento de las mujeres existe para desarrollar a personajes masculinos. La mujer sufriente es combustible narrativo: La novia asesinada, la esposa maltratada, la prostituta muerta, la hija secuestrada, la víctima perfecta. Aparecemos constantemente como el cuerpo sobre el que ocurre la tragedia para que un hombre tenga algo que superar, vengar o resolver.
En cambio, aquí el sufrimiento lo soportan los hombres y nosotras observamos sin que una mujer tenga que ser destrozada para que la trama funcione. En Hannibal es Will quien es manipulado, perseguido y destruido psicológicamente. En Entrevista con el vampiro son Louis, Lestat y Armand quienes se hieren mutuamente. Por supuesto que siguen existiendo relaciones abusivas y violencia, pero la víctima narrativa ya no es una mujer (En este aspecto concreto, Supernatural es una excepción, ya que cayó claramente en este odioso estereotipo al matar al 90% de sus protagonistas femeninas, siendo amplia y públicamente criticada por el fandom).
Y sospecho que para muchas espectadoras eso produce una distancia emocional que permite observar dinámicas muy oscuras sin activar automáticamente todos los mecanismos de identificación que aparecen cuando el sufrimiento recae una vez más sobre personajes femeninos.
El caso Destiel: Las fans vieron la historia de amor antes que los guionistas
El fenómeno Destiel me parece fascinante y divertidísimo. Digno de estudio, si me preguntáis.
Dean Winchester era, sobre el papel, el último personaje del mundo destinado a convertirse en icono romántico de una relación homosexual. Y sin embargo ocurrió.
Miles de mujeres comenzaron a leer la relación entre Dean y Castiel como una historia de amor mucho antes de que la propia serie se atreviera siquiera a sugerirlo. De hecho, lo negaron durante años. Y no obstante, tanto influyó el fandom que a última hora decidieron hacerlo canon. Y eso es muy significativo.
Quizá las mujeres no estaban buscando simplemente homosexualidad masculina, que bien puede resultar atractiva en sí misma. Igual lo que buscaban era algo más difícil de encontrar: intimidad, deseo, vulnerabilidad, hombres capaces de sentir y relaciones que no estuvieran construidas únicamente alrededor de la conquista. No solo era una cuestión de orientación sexual, sino de intensidad emocional.
¿Es romántico o simplemente es intenso?
Y entonces aparece Entrevista con el vampiro y ocurre algo maravilloso. Aquí ya no hay que buscar subtexto, ni interpretar miradas, ni construir teorías. La historia es explícitamente romántica y sexual. Y provoca reacciones fascinantes.
Hace un tiempo vi un vídeo de la youtuber Autumn Brown en el que contaba que había re-visionado el último episodio de la primera temporada a dos amigos diferentes. En la escena en la que Louis raja la garganta de Lestat mientras le abraza y le sostiene, ambos reaccionaron exactamente igual: "¡Qué romántico!"
La verdad es que sigo pensando en ello, porque es una escena terrible dentro de una relación profundamente problemática. Hay violencia física, dependencia y sufrimiento.
Se trata de relaciones profundamente destructivas. Hannibal intenta destruir la vida de Will. Lestat y Louis no se tratan precisamente bien, Armand manipula a Louis. Y sin embargo seguimos encontrando escenas violentas que nos parecen profundamente románticas. Sospecho que esto jamás lo interpretaríamos así en una relación hetero.
Pero es que también hay una intimidad brutal. Una sensación de que esas dos personas se conocen mejor que nadie. De que han conseguido tocar, reconocer y amar las partes más oscuras del otro.
Creo que no estamos respondiendo única y específicamente al comportamiento de los personajes, sino a la intensidad emocional. La cultura contemporánea lleva décadas asociando amor verdadero con intensidad, con obsesión y sacrificio. Con la idea de que alguien se convierta en el centro absoluto de tu universo. Y estas historias llevan esa lógica hasta el extremo.
Estas series nos muestran la fantasía de ser vistas completamente por otra persona, incluso en nuestras partes más oscuras, en aquello que queremos ocultar. Nos ponen en la cara la idea de que alguien pueda vernos por completo, incluso en nuestras peores versiones y, aún así, ser incapaz de apartarse de nuestro lado. Por eso seguimos viendo estas historias como románticas.
Conclusión
No sé si tengo una respuesta definitiva para la pregunta de por qué tantas mujeres nos sentimos profundamente atraídas por relaciones gays destructivas. De hecho sospecho que no existe, pero sí creo que estas historias dicen algo interesante sobre lo que muchas buscamos en la ficción.
Y no es solo hombres guapos, ni necesariamente relaciones homosexuales, sino personajes emocionalmente complejos, cuerpos atractivos teniendo sexo de igual a igual, relaciones transformadoras, vínculos que importan e historias donde amar a alguien no es una recompensa final, sino una experiencia capaz de cambiarte para siempre.
Aunque a veces incluya vampiros, asesinos caníbales o ángeles enamorados de cazadores de monstruos. Y quizá por eso seguimos viendo ciertas escenas y pensando: ¡Qué romántico!
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