La heterosexualidad ya no nos compensa

¡Hola, hermanas del Círculo!

Muchas mujeres están ya hasta el toto de negociar, explicar y justificar. De tener que estar como una madre detrás, de ocuparse de todo, de la carga mental, de regular emociones ajenas, de enseñar empatía básica a hombres adultos y de seguir sonriendo mientras tanto.

Cada vez más mujeres sienten que relacionarse con hombres —afectiva, sexual o convivencialmente— implica un desgaste constante, porque vivimos dentro de una cultura heterosexual y patriarcal donde nuestros cuerpos, nuestro tiempo y nuestra energía siguen estando disponibles para ellos por defecto.

Por eso cada vez más mujeres están dejando de construir su vida alrededor de los hombres. Lo hacen desde el agotamiento, desde la lucidez o desde la necesidad de respirar. Y lo hacen porque llega un punto en el que una se pregunta algo bastante simple: ¿Qué estoy recibiendo realmente a cambio de todo esto? Muchas mujeres ya no quieren vínculos que les desgastan: El cansancio de las mujeres es político.

Y no estamos hablando de una sensación aislada de internet: recientemente, incluso el portavoz de un sindicato policial alemán llegó a recomendar a las mujeres que evitaran quedar con hombres para reducir el riesgo de sufrir violencia machista o agresiones sexuales, generando una enorme polémica.

Decisión individual o movimiento político

En redes sociales no dejamos de ver vídeos sobre “el hombre o el oso”, sobre estrategias de autodefensa feminista, sobre mujeres viviendo solas con gatos y plantas mientras mantienen su paz mental, su sistema nervioso regulado, su casa oliendo a limpito y su ropa lavada sin tener que recoger los calcetines sudados de nadie.

Y sí, muchas veces se expresa desde el humor. Pero entre broma y broma, la verdad asoma, y hay algo mucho más profundo, que es un reconocimiento colectivo. No estamos solas, ni vacías, ni fracasadas, ni incompletas. Estamos solteras. 

Nos tenemos a nosotras mismas, a nuestras amigas, familias, vecinas, compañeras, animales y comunidades. Tenemos redes afectivas que no tienen por qué girar alrededor de los hombres.

La idea de que una mujer sin pareja masculina está “sola” es propaganda patriarcal. Porque históricamente el sistema ha necesitado que nuestra supervivencia emocional, económica y social dependiera de ellos.

Y ahora que muchas mujeres pueden vivir sin hombres, se está viendo algo bastante incómodo: que muchísimas no quieren volver atrás.

La relación heterosexual beneficia más a los hombres

Esto no es una opinión aislada ni una exageración feminista. Los datos llevan décadas señalándolo. No es ninguna casualidad que a las mujeres se nos socialice para que buscar marido sea un objetivo central en nuestra vida, mientras que a los hombres se les socialice para mostrar en público que detestan el matrimonio.

Pero los estudios sobre este tema son claros: Los hombres necesitan y se benefician de las relaciones heterosexuales mucho más que las mujeres. Incluso se ha demostrado que las viudas, tras el duelo inicial, son más felices tras el fallecimiento del marido. Sí, es cierto. 

Los hombres casados viven más años, ganan más dinero, promocionan más laboralmente y tienen mejores indicadores de salud física y mental que los hombres solteros. 

Las mujeres, en cambio, no obtienen esos mismos beneficios. De hecho, múltiples estudios muestran que las mujeres casadas presentan peores indicadores de bienestar que las solteras.

Esto tiene bastante sentido si pensamos cómo se organiza la pareja heterosexual tradicional:

  • Ellos reciben cuidados domésticos, emocionales y reproductivos.
  • Ellos pueden descuidar su salud porque saben que habrá una mujer sosteniendo todo cuando enfermen.
  • Ellos externalizan trabajo invisible sin pagarlo.
  • Ellos obtienen estabilidad emocional y logística.
  • Ellos reciben escucha, contención, planificación y organización cotidiana.

Si un hombre no ha cohabitado con una mujer o no se ha casado con una antes de los 30 años, hay una probabilidad de 1 entre 3 de que abuse de sustancias. Cuando las mujeres no tienen una relación romántica con un hombre, a menudo canalizan gran parte de esa energía hacia su círculo de amigas y su vida personal y profesional. Cuando los hombres no tienen una relación romántica con una mujer, empiezan a culpar a los demás de todos sus problemas. Bueno, no a todos, sino a personas que han sufrido discriminación históricamente, porque canalizan esa energía en contenido online, nacionalismo, misoginia y racismo.

Si los hombres tuvieran que pagar todo lo que muchas mujeres hacen gratis dentro de una relación heterosexual, muchísimos no podrían permitirse el estilo de vida que tienen.

Y mientras tanto, a nosotras se nos sigue llamando “interesadas” y "mantenidas", cuando ellos buscan mujeres que trabajen, compartan los gastos al 50%, limpien, gestionen emociones, cuiden criaturas, sostengan vínculos familiares, y además estén sexualmente disponibles. ¿Y las "cazafortunas" somos nosotras? Venga ya.

Existe incluso un término para explicar esta realidad: marriage benefit imbalance, es decir, el desequilibrio de beneficios del matrimonio. Sinceramente, el mejor marketing que han hecho para los hombres es asustarnos y hacernos creer que quedarnos solteras con nuestros gatos es algo que temer.

En resumen: Estadísticamente, el matrimonio y la convivencia en el marco heterosexual beneficia muchísimo más a los hombres que a las mujeres. Y sinceramente, si el matrimonio hubiera sido históricamente beneficioso para nosotras, los hombres ya nos lo habrían prohibido hace siglos.

El problema no son las mujeres que se relacionan con hombres

Aquí necesito parar un momento porque esto es importante. 

Hablar de descentralizar a los hombres, de separatismo o de reorganizar la vida afectiva no puede convertirse jamás en culpabilizar a las mujeres que sí deciden relacionarse con hombres. Porque el patriarcado ya hace eso constantemente.

La culpa es de ellas, que eligen mal a los hombres. Eso les pasa por confiar. Bueno, ¿Qué esperaba? Claro, le pasan esas cosas por salir con hombres"...

No. Ni de coña. No es eso, amigas.

La responsabilidad de la violencia masculina es de los hombres que ejercen violencia, no de las mujeres que intentan amar, convivir o construir vínculos dentro de un sistema que nos socializa precisamente para eso.

Priorizarse a una misma (o a otro tipo de vínculos) puede ser una estrategia válida. Pero no debe convertirse en una superioridad moral ni en una forma de señalar a quienes todavía desean pareja, sexo, amor o proyectos compartidos con hombres.

Porque además no todas las mujeres pueden reorganizar su vida afectiva de la misma manera. Influyen la economía, la orientación sexual, la maternidad, la edad, la dependencia, el contexto cultural, la indefensión aprendida y muchísimas otras cosas.

El objetivo feminista no puede ser construir otro sistema donde las mujeres vuelvan a ser castigadas por sus decisiones afectivas.

La pareja heterosexual no es una ley natural

Otra cosa que me interesa mucho de todo esto es cuestionar algo que damos por universal: la pareja. Porque la pareja heterosexual —sea monógama, abierta, tradicional o poliamorosa— no deja de ser una forma concreta de organizar la vida, los cuidados, el dinero, el sexo y los afectos.

Y esa organización está profundamente atravesada por la lógica de la propiedad privada y el individualismo. Dos personas crean una pequeña unidad económica y afectiva aislada del resto, donde gran parte de los cuidados recaen todavía sobre las mujeres. Lo hemos naturalizado tanto que parece inevitable. Como si todo el mundo tuviera que aspirar a vivir así.

Pero no es una obligación, no es una necesidad universal, no es el único modelo posible y tampoco es una posibilidad real para todas las personas.

Parte del problema es precisamente que las mujeres nos socializamos para colocar la pareja romántica en el centro absoluto de la vida, relegando amistades, comunidad y redes colectivas a algo secundario. Y eso nos deja muchísimo más vulnerables.

Quizá una de las cosas más interesantes que están haciendo muchas mujeres ahora mismo es dejar de construir toda su existencia alrededor de la pareja heterosexual.

Posiciones, movimientos y estrategias

Dentro de este fenómeno existen muchas formas distintas de nombrarlo o vivirlo.

Descentralizar a los hombres

Quizá la postura más extendida actualmente. Consiste en dejar de poner a los hombres en el centro de nuestras decisiones, emociones, identidad y proyectos vitales. Recuperar energía para una misma y para otros vínculos, devolvernos autonomía emocional. 

No significa necesariamente dejar de relacionarse con hombres, sino dejar de construir la vida alrededor de ellos. Este movimiento aboga por reducir la dependencia afectiva, dejar de buscar su aprobación y olvidarnos del miedo a que los hombres nos abandonen, propiciando los vínculos que se crean desde el deseo y no desde la necesidad.

Esto se puede conseguir reflexionando sobre nuestros propios deseos y necesidades, fortaleciendo los vínculos, redes y espacios con otras mujeres, revisando los mitos del amor romántico, construyendo autonomía (económica, emocional, simbólica) para desear desde la libertad, y permitiéndonos el duelo que supone desaprender todo lo que hemos aprendido sobre las relaciones heterosexuales.

Movimiento 4B

Nacido en Corea del Sur. Sus cuatro principios son:

  • no salir con hombres,
  • no casarse con hombres,
  • no tener sexo con hombres,
  • no tener hijes con hombres.

Surge como respuesta a una sociedad profundamente misógina y desigual, que refleja el hartazgo político de las mujeres jóvenes.

Separatismo feminista

Históricamente, el separatismo plantea la creación de espacios políticos, afectivos y comunitarios entre mujeres, alejados de la centralidad masculina. No siempre implica aislamiento absoluto, pero sí cuestionar hasta qué punto nuestras vidas están estructuradas alrededor de los hombres, creando espacios seguros donde éstos no tienen cabida.

Lesbianismo político

El lesbianismo político no significa simplemente ser lesbiana. Es una propuesta feminista que entiende la heterosexualidad como una institución política dentro del patriarcado.

Autoras como Adrienne Rich hablaron de la heterosexualidad obligatoria: la presión social, económica y cultural que empuja a las mujeres hacia relaciones con hombres incluso cuando esas relaciones implican desigualdad, violencia o agotamiento.

Desde esta mirada, el lesbianismo político plantea retirar energía emocional, sexual y vital del sistema heterosexual patriarcal y priorizar vínculos entre mujeres. Es una postura que obliga a hacer preguntas incómodas sobre cuánto de nuestro deseo es realmente libre dentro de una sociedad patriarcal.

Femcel

Las femcel no son la versión femenina de los incel. Y equipararlos es no entender nada, es lo mismo que decir que feminismo es lo contrario del machismo. Los incel organizan su frustración desde el resentimiento y el odio hacia las mujeres y la idea de que tienen derecho al acceso sexual a nuestros cuerpos. Las femcel, en cambio, articulan una crítica hacia las normas de feminidad, deseabilidad y heterosexualidad obligatoria. No exigen acceso al cuerpo de nadie. Cuestionan por qué el valor de una mujer sigue dependiendo de resultar atractiva, complaciente y elegible para los hombres.

Esto no es una rendición

Algunas personas interpretan todo esto como pesimismo o derrota, pero yo no lo veo así. Creo que muchas mujeres están intentando sobrevivir emocionalmente dentro de un sistema que nos agota, nos exprime y nos violenta. No relacionarnos con hombres puede significar recuperar tiempo, descanso, silencio, amistades, creatividad, gozo, autonomía, paz mental salud y vida.

Puede significar dejar de sostener dinámicas profundamente desiguales. Puede significar simplemente vivir sin miedo constante. Eso no debería resultar escandaloso. 

Tenemos derecho a establecer relaciones de igualdad y respeto con hombres, pero si sentimos que ahora mismo eso no está ocurriendo, también tenemos derecho a reorganizar nuestras prioridades afectivas y vitales. Porque no todas necesitamos poner la pareja heterosexual en el centro para construir una vida plena.

En conclusión

No todas las mujeres van a dejar de relacionarse con hombres, no todas quieren hacerlo, no todas pueden hacerlo. Y está bien. Pero lo cierto es que cada vez son más las que sí.

El problema nunca han sido las mujeres que aman, desean o conviven con hombres. El problema es un sistema que convierte esas relaciones en espacios profundamente desiguales.

Mientras la heterosexualidad siga organizada alrededor de la disponibilidad de las mujeres y los privilegios de los hombres, muchas seguirán preguntándose si realmente compensa y tomando decisiones que respetan su autonomía, sus necesidades, sus deseos y su vida.

No sé si la pregunta que debemos hacernos es “¿Por qué tantas mujeres están dejando de relacionarse con hombres?”, sino “¿Qué dice de los hombres heterosexuales que tantas mujeres sean mucho más felices fuera de las relaciones con ellos que dentro?”

¡Sed felices, hermanas!

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Algunas referencias y lecturas relacionadas

  • Lara Gil (2024). Mi deseo para 2025: la revolución femcel y la abolición de la pareja, en Pikara Magazine
  • Ramos, Sara y Castro, Natalia (2026). No quedar con hombres para evitar violencia machista: la ‘solución’ alemana a los fallos en el sistema y las dramáticas cifras. La Sexta, 24 de abril de 2026. 
  • International Social Work (2024). Estudio liderado por Mabel Ho sobre envejecimiento y matrimonio. University of Toronto
  • Journal of Marriage and Family (2025). Investigación sobre divorcio/separación tras enfermedades graves en matrimonios heterosexuales.
  • Arlie Russell Hochschild (1989/2021 edición revisada). The Second Shift [La doble jornada: Familias trabajadoras y la revolución en el hogar].
  • Adrienne Rich (1980). Compulsory Heterosexuality and Lesbian Existence [“Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana”].
  • Silvia Federici (2004). Caliban and the Witch [Calibán y la bruja].


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