Libros dark academia: Cuando el conocimiento se convierte en obsesión

¡Hola, hermanas del Círculo!

Hay algo que siempre me ha llamado la atención del dark academiaSus protagonistas aman los libros, aman aprender, aman la belleza, las bibliotecas, los idiomas muertos, la poesía, el arte y las universidades antiguas. Y, sin embargo, casi nunca son felices.

Cuanto más saben, peor les va. Cuanto más se acercan al conocimiento, más cerca parecen estar de la obsesión, la violencia o la muerte. 

Fuera de la ficción solemos repetir que el conocimiento nos hace libres. Pero muchas de las historias que asociamos con el dark academia llevan tiempo preguntándose exactamente lo contrario: ¿Y si el conocimiento también pudiera destruirnos?

¿Qué hace que un libro sea realmente dark academia?

Internet ha convertido el dark academia en una estética reconocible: universidades antiguas, bibliotecas de madera, libros clásicos, camisas blancas, tweed, velas, lluvia y estudiantes con aspecto de llevar tres siglos sin dormir.

Pero eso es solo el decorado.

El dark academia gira alrededor de algo mucho más interesante: la obsesión por el conocimiento. Sus protagonistas no estudian simplemente porque quieran aprobar un examen o conseguir un título. Quieren comprender.

Creen que detrás de un idioma muerto, un ritual antiguo, una teoría matemática, una obra de Shakespeare o un poema clásico existe una verdad que merece ser descubierta.

Y ahí empieza el problema, porque en estas historias aprender rara vez conduce a la tranquilidad. Conduce a la obsesión.

El conocimiento como religión

Hay algo casi religioso en muchas historias de dark academia.

Las bibliotecas sustituyen a las iglesias. El profesorado ocupa el lugar de las autoridades. Los textos clásicos se convierten en escrituras sagradas y quienes estudian buscan una especie de revelación.

No se estudia solamente para saber. Se estudia para ser alguien. Para pertenecer a un grupo. Para demostrar inteligencia. Para alcanzar un lugar que otras personas no pueden ocupar. Para descubrir algo que el resto del mundo desconoce.

Y cuando el conocimiento se convierte en identidad, resulta muy fácil dejar de preguntarse cuánto estamos dispuestas a sacrificar por él.

Por eso aparecen una y otra vez las sociedades secretas, los rituales de iniciación, los conocimientos prohibidos, las lenguas muertas y los pequeños grupos de elegidos. El conocimiento deja de ser simplemente algo que tenemos y se convierte en algo que nos posee.

Los protagonistas que no saben parar

Una de las cosas más características de las novelas dark academia es que sus protagonistas suelen ser personas inteligentes, fascinantes y, francamente, bastante insoportables.

Henry Winter. Richard Papen. Oliver Marks. Robin Swift. Victor Vale.

Son brillantes. Y arrogantes, obsesivos, competitivos, manipuladores o directamente peligrosos. Los personajes dejan de aprender por curiosidad y aprenden para demostrar que son mejores. Para sentirse elegidos, para pertenecer a una élite, para justificar decisiones que, en otras circunstancias, considerarían imperdonables.

Y cuando la inteligencia deja de ser una herramienta y se convierte en identidad, aparecen casi siempre las mismas consecuencias: aislamiento, narcisismo, rivalidad y obsesión. Por eso funcionan tan bien como protagonistas. No necesitamos querer ser como ellos, sino precisamente lo contrario. 

La muerte, la obsesión y los grupos cerrados

No es casualidad que tantas historias de dark academia estén llenas de cadáveres, secretos y amistades que terminan mal. La muerte introduce una cuestión fundamental: Cuánto estamos dispuestas a sacrificar para conseguir lo que queremos.

La obsesión lleva esa pregunta un paso más allá: ¿qué ocurre cuando dejamos de saber dónde termina nuestro deseo de aprender y empieza nuestra necesidad de demostrar algo?

Y después están los grupos, las sociedades secretas, los pequeños círculos de estudiantes brillantes, las amistades intensísimas, las relaciones en las que admiración y envidia conviven constantemente.

Son grupos donde todo el mundo quiere pertenecer y, al mismo tiempo, demostrar que merece estar allí más que los demás. Se quieren. Se utilizan. Compiten. Se traicionan. Y muchas veces se destruyen.

El dark academia entiende que el conocimiento también puede crear jerarquías y eso nos lleva al verdadero asunto.

Seis libros para entender el dark academia

No todos estos libros representan exactamente lo mismo ni todos encajan de manera idéntica en la etiqueta. Precisamente por eso me interesan: juntos permiten ver cómo ha evolucionado el imaginario dark academia y qué puede hacer una historia con él.

📚 El secreto — Donna Tartt

Si hay un libro que dio forma al imaginario del dark academia fue El secreto

No solo por su estética, sino porque entendió algo fundamental: el conocimiento también puede convertirse en una forma de poder. 

Henry Winter no es simplemente un estudiante brillante. Es alguien que ha terminado confundiendo la belleza con la superioridad moral. Cree que comprender más que el resto también le concede el derecho a situarse por encima del resto. 

Richard Papen, en cambio, representa otro deseo muy distinto: el de pertenecer. Más que aprender griego, quiere formar parte de un mundo donde la inteligencia, la cultura y el privilegio parecen inseparables.

El secreto es mucho más que resolver un misterio. Habla de la facilidad con la que convertimos la cultura en una forma de exclusión.

📚 Si fuéramos villanos — M. L. Rio

Aquí Shakespeare sustituye al griego clásico.

Un grupo de estudiantes de interpretación vive completamente absorbido por las tragedias que representa hasta que la frontera entre ficción y realidad empieza a desaparecer.

La novela juega constantemente con la identidad, la representación y la obsesión artística. ¿Qué sucede cuando dejamos de interpretar un personaje y empezamos a convertirnos en él? 

Es una de esas historias en las que el arte no es solamente algo que los personajes estudian. Es algo que termina devorándolos.

📚 Babel — R. F. Kuang

Oxford, filología, traducción, lenguas antiguas y una pasión absoluta por el conocimiento.  Pero también colonialismo, imperialismo, explotación y racismo.

Babel resulta especialmente interesante porque desmonta la idea romántica de la universidad como refugio neutral del conocimiento. 

Aquí el conocimiento tiene un origen, unos propietarios, unos beneficiarios y unas víctimas.

Por eso me parece una de las obras más interesantes para pensar qué ocurre cuando el dark academia deja de mirar únicamente la belleza de las instituciones académicas y empieza a preguntarse qué estructuras de poder las sostienen.

📚 Una educación mortal — Naomi Novik

Una escuela de magia donde prácticamente todo intenta matarte. 

Novik toma la estructura del internado fantástico y la convierte en una historia sobre supervivencia, privilegio y desigualdad. La Escolomancia no trata a todo el alumnado por igual. Las personas que pertenecen a comunidades mágicas privilegiadas tienen muchas más posibilidades de sobrevivir que quienes llegan sin esos recursos. Aquí incluso la magia reproduce las diferencias de clase.

Eso convierte una premisa aparentemente fantástica en una cuestión muy real: Qué ocurre cuando el sistema está diseñado para que quienes tienen más recursos tengan todavía más posibilidades de sobrevivir.

📚 Una obsesión perversa y Una obsesión salvaje — V. E. Schwab

Aquí el conocimiento adopta una forma distinta: la investigación científica.

Victor y Eli intentan descubrir qué ocurre después de la muerte y, en el proceso, cruzan prácticamente todos los límites éticos posibles. La inteligencia deja de ser una virtud y se convierte en ambición. Y la ambición termina pareciéndose demasiado a la megalomanía.

No es el dark academia universitario clásico, pero comparte una de sus obsesiones fundamentales: qué ocurre cuando el deseo de conocer algo se vuelve más importante que las personas que quedan en el camino.

📚 La maldición de la sangre — M. L. Wang

Aunque se aleja del imaginario académico clásico, comparte otra de las cuestiones que más me interesan del género: quién paga el precio del conocimiento.  

Aquí la magia, la educación, la religión y el poder forman parte de un mismo sistema. El conocimiento no aparece como algo neutral que simplemente está esperando a ser descubierto, sino que está construido dentro de una sociedad atravesada por desigualdades.

Y, una vez más, los privilegios de unas personas existen porque otras ponen el cuerpo. Es una idea que conecta directamente con Babel: quién produce el conocimiento, quién se beneficia de él y quién queda por el camino para sostenerlo.

El problema del dark academia

Internet ha convertido el dark academia en una sucesión de imágenes irresistibles. Y no tengo ningún problema con eso; a mí también me gustan las bibliotecas bonitas. El problema aparece cuando la estética termina sustituyendo a lo que las historias estaban diciendo.

Me explico: Muchas de las obras que asociamos con el dark academia hablan precisamente de instituciones elitistas, privilegio, exclusión, ambición, violencia y de la utilización de la cultura como herramienta de poder. Y hemos convertido todo eso en una fantasía aspiracional.

Si solo lo vemos como una colección de fotografías de Oxford, libros antiguos y estudiantes con ropa bonita, la etiqueta permanece y la crítica puede desaparecer. 

¿Por qué nos fascina tanto?

Quizá porque el dark academia nos promete algo que cada vez resulta más extraño: que aprender puede cambiarte la vida, aunque no necesariamente para mejor.

A veces el conocimiento hace a una persona más libre, a veces más arrogante. A veces más generosa, a veces más peligrosa. Pero nunca debería dejarla exactamente donde estaba. Y quizá esa sea la verdadera fascinación del dark academia:  La sospecha de que un libro puede cambiar una vidaY de que el conocimiento, como cualquier otra forma de poder, depende de lo que decidamos hacer con él.

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