Películas para un verano eterno: Cine después del 2000

¡Hola, hermanas del Círculo! ☀️🍉

El verano pasado hice una selección de películas anteriores al año 2000 para acompañar los meses de calor. Como una tiene tendencia a convertir cualquier excusa en una lista de recomendaciones culturales, este año vuelvo a la carga.

Porque el verano tiene muchas caras: Está el verano de los amores que parecen destinados a durar para siempre y terminan en septiembre. El de las vacaciones que prometían cambiarte la vida. El de las aventuras absurdas. El de las malas decisiones. El de los secretos familiares. El de los días tan largos que parece que el tiempo se ha detenido.

Y el cine lleva décadas explotando todas esas posibilidades.

Así que hoy traigo otras ocho películas estrenadas después del año 2000 para acompañar estos meses de calor, tormentas de verano y ventiladores funcionando a máxima potencia.

Vamos allá.

Bajo el sol de la Toscana (2003)

Hay pocas fantasías más veraniegas que mandar tu vida a paseo, comprarte una casa en Italia y empezar de nuevo rodeada de viñedos, limoneros y gente que gesticula muchísimo.

Diane Lane interpreta a una escritora que decide reconstruirse en la Toscana después de una crisis personal. Y sí, es exactamente tan reconfortante como suena.

Por qué verla: Porque es una película sobre segundas oportunidades, sobre reinventarse y sobre descubrir que a veces la vida mejora precisamente cuando deja de parecerse a tus planes.

Momento ideal: Una tarde luminosa de julio con una copa de vino frío y ganas de fantasear con abandonar el capitalismo para cultivar tomates.

Adventureland (2009)

Antes de que la nostalgia por los años ochenta se volviera una industria multimillonaria, Adventureland ya estaba recordándonos que la juventud suele ser mucho menos glamourosa de lo que recordamos.

Un estudiante universitario se ve obligado a trabajar durante el verano en un parque de atracciones cutre donde conocerá amistades, decepciones amorosas y varias lecciones sobre hacerse adulto.

Por qué verla: Porque captura perfectamente esa sensación de estar entre etapas, cuando todavía no sabes quién vas a ser, pero ya has dejado de ser quien eras.

Momento ideal: Una noche de verano en la que te apetezca recordar que crecer siempre ha sido un poco caótico.

Triangle (2009)

Y ahora pasamos al verano traumático: Un grupo de amistades sale a navegar y acaba atrapado en una pesadilla tan desconcertante como adictiva. Cuanto menos sepas sobre Triangle antes de verla, mejor.

Por qué verla: Porque es uno de los thrillers de ciencia ficción más infravalorados de los últimos veinte años y porque convierte el mar en algo muchísimo más inquietante que cualquier tiburón.

Momento ideal: Una noche de tormenta veraniega cuando te apetezca cuestionar la realidad y tus propias decisiones vitales.

El gran Gatsby (2013)

La película basada en la maravillosa novela de Fitzgerald (y no me refiero únicamente a F. Scott) es una de las críticas más profundas a la riqueza, el materialismo y el espejismo del éxito en Estados Unidos

Fiestas imposibles, mansiones gigantescas, vestuario espectacular, superficialidad, hipocresía, división de clases y una enorme colección de personajes ricos siendo unos auténticos hijos de satanás.

Por qué verla: Porque visualmente es un exceso maravilloso y porque sigue siendo una historia demoledora sobre clase social, obsesión y vacío existencial.

Momento ideal: Una noche calurosa en la que quieras contemplar cómo los millonarios siempre se han dedicado a arruinar las vidas de los demás.

La La Land (2016)

Emma Stone y Ryan Gosling protagonizan este musical moderno sobre sueños, ambición y las decisiones que terminan definiendo nuestras vidas. 

Por qué verla: Porque plantea una idea interesante —y bastante discutible—: que para alcanzar nuestros sueños debemos sacrificar otras cosas importantes por el camino. Personalmente siempre he sido un poco escéptica con el mensaje de la película; no puedo evitar ver en ella una celebración de una forma muy contemporánea de entender el éxito: la idea de que la realización personal pasa por anteponer nuestras ambiciones a los vínculos afectivos. La película parece asumir que esa renuncia es necesaria e incluso deseable. 

Momento ideal: Una noche de verano en la que te apetezca enamorarte de la música, de Los Ángeles y discutir después sobre si el final es romántico o profundamente triste.

Call Me By Your Name (2017)

Verano italiano. Bicicletas. Libros. Albaricoques. Deseo. Sol. Más deseo.

La historia de Elio y Oliver ya se ha convertido en uno de los grandes romances cinematográficos contemporáneos y resulta imposible no asociarla al calor lento de los veranos mediterráneos.

Por qué verla: Porque pocas películas han retratado tan bien la intensidad emocional de un primer amor y la sensación de que un verano puede contener una vida entera.

Momento ideal: Una tarde sofocante de agosto cuando el calor parece haber ralentizado el tiempo.

Jungle Cruise (2021)

No todo en verano tiene que ser profundo, traumático o existencial. A veces simplemente queremos barcos, aventuras imposibles, selvas misteriosas y Emily Blunt siendo adorable.

Por qué verla: Porque recupera el espíritu del cine de aventuras clásico y porque es enormemente divertida.

Momento ideal: Una tarde cualquiera en la que solo quieras desconectar y pasarlo bien.

La hija oscura (2021)

Hay películas que parecen diseñadas para demostrar que el verano también puede ser incómodo. Durante unas vacaciones en una playa griega, una profesora universitaria comienza a obsesionarse con una familia que veranea cerca de ella. Poco a poco irán aflorando recuerdos, culpas y preguntas incómodas sobre la maternidad.

Por qué verla: Porque Olivia Colman está inmensa y porque pocas películas recientes se han atrevido a explorar la maternidad con tanta honestidad y tan poca idealización.

Momento ideal: Una noche tranquila en la que tengas ganas de algo más complejo que una simple historia de vacaciones.

El verano nunca es solo verano

Si algo tienen en común todas estas películas es que entienden algo fundamental: el verano nunca consiste únicamente en descansar.

Nos venden felicidad, desconexión y atardeceres perfectos. Pero el cine lleva décadas recordándonos que el verano también es el momento en que reaparecen deseos, nostalgias, errores, obsesiones y decisiones que pueden cambiar una vida.

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